sábado, 3 de marzo de 2012

Una carta desesperada

  En ocasiones he deseado ser un pájaro y emprender el vuelo hacia lo desconocido, lo infinito. Me gustaría escapar del lugar en el que vivo y volar hacia las nubes. Allí, en lo alto, descansaría tumbada en una esponjosa cama cubierta por un suave velo de aire puro. Cada noche observaría las estrellas y bailaría con ellas alrededor de la hermosa luna y, cuando ésta estuviera menguando, pescaría en su infinito mar de nubes. ¡Cómo me gustaría vivir en el cielo! Al menos allí sería feliz... Sin embargo, sé que esa libertas que añoro solo llegará en la hora de mi muerte. Una hora que espero con impaciencia... Cuánto más la deseo, más se aleja de mí. Aunque tengo el presentimiento de que mi muerte será dolorosa, porque el dolor y la pena es lo que habita en mi interior. Todo me duele... Me duele respirar, me duele sonreír, me duele vivir tanto y no morir.
  ¿Cuál es la causa de mi dolor? La misma que sufren poetas, pintores y demás mortales. La causa de mi dolor es el amor. ¡Ah, el amor! El amor llama a tu puerta y entra como la brisa de la primavera, cargada de sentimientos y experiencias. Todos soñamos con el amor, con el hombre de nuestros sueños. Sin embargo, nos engañamos a nosotras mismas. Esos hombres nunca permanecen, huyen con el primer soplo del otoño. Sin embargo, en un pasado no muy lejano, yo creía en el idea perfecto del amor. En ese tiempo, no pensaba en el dolor, ni tampoco en la agonía de morir. En cambio, pensaba en las mariposas que sentía en el estómago cada vez que me iba a visitar a casa y en la euforia con las que recibía sus cartas de amor. Pero, todo eso se ha perdido. Él no volverá y yo moriré de dolor.
  Me gustaría ser un pájaro y desplegar mis alas de libertas. así podría huir de la mentira en la que vivo. Una mentira cuya protagonista soy yo misma. En esa mentira vivimos mi marchita alma y un hombre al que no amo y al que he hecho sufrir, llevando una vida triste igual que mi ánima. Cada noche ese hombre y yo compartimos el lecho, aunque eso es lo que me hace creer pues sé que cada noche, al tocar las campanadas de la medianoche, sale de la cama y se reune con una sirvienta. Al menos ella puede darle el amor que yo no le doy. Me gustaría escapar de esta casa y alzar el vuelo hacia lo alto, lo desconocido, lo infinito... ¿Por qué me tuve que enamorar de ti, maldito bastardo? Siempre de un lado para otro, huyendo de las responsabilidades, dejando en cada lugar una mujer marchita y desolada. Creí que conmigo serías distinto. ¿Cuántas veces me dijiste que me amabas? Para mí fueron las suficientes como para creer que harías mis sueños realidad... Nuestros sueños. Soñaba con que viviríamos cerca del mar, tendríamos muchos hijos a los que amaríamos y, sobre todo, estaríamos los dos juntos.
  He dejado de ser la joven de hace unos años y me he convertido en una mujer vieja y solitaria, por el hecho de amar de corazón. Todo en mi vida ha cambiado desde que te fuiste y sé que, ahora, no volverás. A pesar del dolor que me causa tu sola presencia en mis pensamientos, te amor por encima de todas las cosas. A pesar de todo aún te quiero, maldito canalla... Te amor con el corazón roto.
                                                                                               Micaela
                                                                                 12 de marzo del año 1895

No hay comentarios:

Publicar un comentario