domingo, 22 de abril de 2012

BRAINSTORM PART II





Me da rabia pensar que aún no te he olvidado, porque aún sigues anclado en mi corazón... Sigues ahí, como una herida que no cicatriza. Sabes que está ahí porque la sientes abierta, emanando sangre sin cesar. ¿Por qué permaneces aquí? ¿Acaso no me has hecho suficiente daño? Para que me estoy engañando a mí misma... ¡Te quiero maldito idiota!






  La primera vez que te vi estaba sentado en un banco del Central Park, tomando un delicioso café intentando buscar un poco de inspiración, que parecía que se estaba tomando unas vacaciones eternas. Todo era normal, hasta que apareciste tú.
  Eras una linda rosa que había nacido en un mustio jardín. Resplandecías con tu melena oscura, alborotada por la brisa casi veraniega. Tus ojos, grandes e increíblemente azules, eclipsaban la atención de todo aquel que te miraba. Me eclipsaste a mí, con tan solo el vaivén de las ondas de tu pelo. Te paraste muy cerca de donde estaba yo y miraste desconcertada a tu alrededor. Parecías nerviosa, mirando a todos lados como si estuvieras buscando a alguien. Agarrabas tu bolso con fuerza. Permanecí mirándote largo rato, imaginando que era lo que te rondaba por la cabeza. Fue en ese instante cuando sentí una ráfaga de calor inundando todo mi ser. Tú eras lo que me faltaba. Habías aparecido cuando más te necesitaba. Tú eras mi musa. La musa que necesitaba desde hacía muchísimo tiempo. Me levanté del banco donde te estaba esperando desde hacía ya una eternidad. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a ti. Me miraste confundida. Te colocaste un mechón de tu melena detrás de la oreja, mirando al suelo con un ligero sonrojo en tus mejillas. Estabas encantadora. Me aclaré la voz y te pregunté tu nombre. Titubeaste, pero al final me miraste a los ojos y respondiste: <<Me llamo Lena... ¿Quién eres tú?>> Mascullé tu nombre. <<Lena... Lena>> Me miraste aún más extrañada, como si estuviera loco o algo por el estilo. Si, estaba loco... Loco por ti... Miraste hacia otro lado. Sostuve tu barbilla y te bese en los labios. No sabía que estaba haciendo, pero me sentí el hombre más feliz de este mundo. Respondiste a mi beso, como si también lo estuvieras esperando. Quizás era eso lo que esperabas. Un beso, tan sólo un beso de un total desconocido. Cuando saboreé tus labios, salí disparado hacia mi pequeño apartamento. Me senté en mi escritorio, frente a mi ordenador y comencé a escribir una historia. La historia de dos personas desconocidas que se encuentran en el Central Park. Dos desconocidos que, guiados por un estúpido impulso, se besan de la misma forma que nos ocurrió a nosotros. Gracias Lena por ser mi musa. Gracias por estar a mi lado, sin estarlo.

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