domingo, 13 de mayo de 2012

Oteando el horizonte

Oigo el estallido de las olas sobre la orilla. Sus dedos se deslizan por los minúsculos granos de arena blanquecina. El sol baña su rostro suave, el viento menea su cabello impregnándolo de sal. 
Aspira el aire marino, inundando sus pulmones. Le encanta estar allí. Le encanta estar con él. Otea el horizonte, buscándole.
Allí está. Cerca de la orilla. Por su cuerpo se deslizan pequeñas gotitas de sal. Su pelo rubia resplandece bajo el sol del mediodía. Ella sonríe. Es la primera vez que se siente verdaderamente feliz a su lado.
Le gustaría permanecer varada en ese pequeño paraíso y con él. 
Sería un paraíso, su jardín del Edén. Solo para ellos. Allí no tendrían que preocuparse por lo que ocurre a su alrededor. Disfrutarían de la caída del sol al atardecer, se dormirían mirando las estrellas oyendo el susurro del mar a sus espaldas. El mar para ellos solos. Tan solo para ellos. 

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