jueves, 5 de julio de 2012

EL VERANO DE MI VIDA. PARTE II

            Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba de una cena tan acogedora y familiar. Estas sensaciones solo las podía experimentar con mis abuelos. Ellos me hacen recordar qué era una familia, pues con la tía Alma me siento un cuerpo que se mueve impulsado por las órdenes de un gran ordenador. Durante la cena, hablamos y reímos. Sentí una grata sensación cuando saboreé el pastel de carne de la abuela Claire, pues lo hacía con muchísimo amor. Fue una gran cena, donde no faltaron los chistes del abuelo Brandon y las anécdotas de Sarah. Mi hermana pequeña se parece mucho a mi padre, siempre riendo y gastando bromas. Yo soy una mezcla de mis padres. Soy una persona un poco callada, pero que cuando me siento feliz y me rió contagio a los que están a mi alrededor. Esta noche he sentido como si hubiera viajado al pasado... A cuando papá y mamá estaban vivos. Sin duda alguna ha sido una cena familiar para recordar.
            Después de la cena, ayudé a la abuela Claire a recoger los platos. A pesar de que había pasado una gran velada con mis abuelos, no pude apartar de mis pensamientos a Alec. Era tan atractivo y, a la vez, misterioso que no le pude apartar de mis pensamientos. Por más que me remanaba los sesos no conseguía acordarme de su cara. Miré a la abuela Claire un instante. Ella estaba fregando el bol donde antes había una exquisita ensalada de patatas. Seguro que ella sabía algo. Tragué saliva, intentando desenredar el nudo que se había fruncido en mi garganta.

- Abuela, ¿de qué nos conocemos Alec y yo?- pregunté con la mirada baja.
- Erais amigos, muy buenos amigos. Siempre estábamos juntos, como uña y carne
- Pues no le recuerdo- susurré, mientras secaba un plato.
- Cuando os conocisteis tenías cinco o seis años. Además, Alec ha cambiado mucho- dijo con la mirada triste.
- ¿Por qué?
- Su hermano pequeño murió hace un año o algo así- me confesó la abuela en un hilo de voz.
- Vaya- fue lo único que supe decir ante esa confesión. Comprendía la situación de Alec, porque yo había pasado lo mismo.
- Cariño, deberías hablar con él. Comprendes como se siente y podrías ayudarle a superar la perdida de su hermano. Además, creo que a Alec le gustas- dijo la abuela con una pequeña sonrisa.
- ¡Abuela!
- La manera en la que te miraba me hizo recordar a cuando tu padre conoció a tu madre. Volvía a casa con los ojos brillantes... Como Alec- dijo la abuela con los labios fruncidos.

            También fruncí los labios, intentado reprimir las lágrimas. El recuerdo de mis padres me perseguía todos los días. No quería que ellos se fueran, pero necesitaba cerrar el agujero de tristeza que aún se cernía en mi corazón. Solté un suspiro. La abuela y yo volvimos a nuestra tarea de fregar los platos. Después de terminar nuestra tarea, la abuela Claire me dio un beso en la mejilla. Me sentía bien después de haber hablado con ella. Quizás Alec necesitaba hablar para poder sanar el dolor que siente por la perdida de su hermano. Quizás yo también necesite comenzar a sanar mi corazón. Tenía previsto ir a darme una ducha e irme a la cama, pero Sarah había ocupado el baño y ella tardaba doscientos mil años en arreglarse para irse a la cama. Los abuelos estaban viendo la televisión. Se les veían tan enamorados. Decidí coger un poco de aire fresco y ya de paso pensar un poco acerca de todo lo que me había dicho la abuela. Salí de la casa y me encaminé hacia el pequeño embarcadero que había frente de la casa. El abuelo Brandon aún conservaba su vieja barcaza de pesca, en la que salía a pescar cada domingo desde muy temprano. Me senté en el embarcadero, abrazando mis rodillas. Me encantaba aquel lugar, tan tranquilo y cálido. Suspiré, hundiendo la cabeza entre mis piernas. Quería llorar. Necesitaba llorar. Este lugar me trae tantos buenos recuerdos. Una diminuta lágrima corrió por mi mejilla. Estaba tan feliz de estar aquí, pero también me sentía triste porque en algunas semanas tendríamos que volver a Phoenix. Odiaba esa gran ciudad, el calor. Odiaba a mi tía, a su nuevo marido. Odiaba el instituto.
            Este último año en el instituto ha sido el peor en muchísimo tiempo. Desde que murieron mis padres, me convertí en una chica solitaria y sin amigas. Me refugiaba en los estudios y en mi hermana pequeña. Deseaba terminar el instituto y empezar una nueva etapa, aunque creo que mi idea de ir a la universidad tardará un poco. Nuestra economía es un poco inestable, pues mi tía Alma no tiene un puesto fijo de trabajo. Un mes puede estar trabajando de camarera y al otro de secretaría en una oficina. Yo trabajaba algunos fines de semana en la biblioteca pública, pero no ganaba lo suficiente como para independizarnos del mandato de la tía Alma. Dada nuestra situación económica no puedo pagar la universidad, así que decidí dejar aparcada la idea de continuar mis estudios para trabajar y ahorrar dinero.
            Suspiré, cansada de pensar en mi tía Alma. Ella ni siquiera estaría pensando en nosotras. Estaría en la playa, con un Cosmopolitan y tostándose bajo el sol caribeño. Apretó los labios con fuerza. ¡Cuánto la odio! De pronto, oigo unos pasos detrás de mí. Estaba asustada recordando la estúpida película que vimos Sarah y yo antes de venir aquí... “Viernes 13” Se me pusieron los pelos de punta. ¿Y si era un psicópata desformado con máscara, que llevaba un machete y que, además, era inmortal? Viré la cabeza con lentitud. Solté el aire que había contenido en mis pulmones cuando vi a Alec detrás de mí luciendo una bonita sonrisa.

- ¿Creías que era Jason listo para matarte?- preguntó con una sonrisa.
- No- mentí ligeramente sonrojada.
- Mientes fatal- dijo entre risas sentándose a mi lado.

            Mostré una pequeña sonrisa... Me había pillado. Alec contemplaba la luna creciente. Hacía tanto tiempo que no veía una luna tan grande. En Phoenix el cielo estaba tan contaminado que ni siquiera se veían las estrellas, ni siquiera la luna. Aquí, en este lago, todo es distinto. Sentí la mirada de Alec sobre mí. Me daba vergüenza cruzar la mirada con él, pues sabía que me iba a poner como un tomate.

- Has cambiado, Claire- dijo Alec.
- ¿Por qué dices eso?- pregunté mirándole a la cara ligeramente sorprendida. Creía que seguía igual que siempre.
- Te recordaba más...
- ¿Más qué?- dije alzando la voz, pues sabía a que se refería aunque no quería ni pronunciarlo.
- Más... Grande
- ¡Idiota!- exclamé dándole un manotazo en el brazo.
- No me malinterpretas... Ahora estás muy bien- dijo con una sonrisa.
- Eso me gusta más... Gracias
- Entonces, ¿no te acuerdas de mí?
- No... En blanco...- asentí con una sonrisa.
- Pues tendremos que empezar de cero
- ¿A qué te refieres?- pregunté con el ceño fruncido.
- Me llamo Alec Smith... Debes de ser Claire Simpson, ¿verdad?- se presentó con una sonrisa arrebatadora.
- Sí... Soy Claire. Encantada de conocerte Alec- dije extendiendo mi mano.
- El placer es mío- asintió estrechando mi mano.

            Nuestras manos permanecieron unidas unos segundos, mientras nos mirábamos. Sentí como mi corazón latía con intensidad, como si quisiera salir de mi pecho. Mostré una sonrisa, ligeramente sonrojada. Alec respondió a mi sonrisa, volviendo a dirigir la mirada a la luna. No se cuanto estuvimos en silencio, quizás unos minutos. Sin embargo, no fue un silencio incómodo. Al contrario, observando la luna pude sentir como una oleada de calor recorría mi cuerpo. Quizás mañana o pasado volviera a recordar a Alec. Me gustaría recordar que era lo que hacíamos juntos, como comenzó nuestra amistad. Muy cerca de ahí, oí como una ventana se abría.

- ¡¡Claire!! ¡¡Ya puedes venir a ducharte!!- gritó mi hermana desde la ventana de nuestra habitación.

            Cerré los ojos. Sarah, como siempre, gritando. Alec me miró con una sonrisa, mientras se levantaba de un salto y me ofrecía su mano para levantarme. Sonreí, aceptando su mano. Me levanté de un salto, quedándome a muy pocos centímetros de su cara. Me mordí el labio inferior, intentando reprimir una sonrisa. Alec me soltó la mano.

- Bueno... Ya nos veremos por aquí- dijo él.
- Sí... Ya nos veremos
- Que descanses, Claire- dijo con una sonrisa.
- Buenas noches- le respondí sonriendo.

            Nos miramos una última vez, para ir corriendo hacia la casa de mis abuelos. Abrí la puerta. Mis abuelos ya no estaban en el salón, así que supuse que se habrían ido a la cama. Subí la escalera de madera, que crujían con cada paso que daba. Me dirigí a mi habitación, que compartía con Sarah. Ella estaba sentada en la cama, esperando que le contará que era lo que había pasado. Además de mi hermana, también era mi única y mejor amiga. Sonreí, mientras le tiraba la almohada. Sarah se rió con ganas. Cogí mi pijama y mi ropa interior, para dirigirme al baño. En el camino, me encontré con el abuelo Brandon. Me miró y me acarició la mejilla. Sonreí, para darle las buenas noches y un beso en la mejilla. El abuelo Brandon sonrió. Por primera vez desde hace ya mucho tiempo, me siento como en casa...

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